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Las mascaras de cuero nos acompañan desde tiempos inmemoriales.

Desde el paleolítico el ser humano ha utilizado máscaras cuyos materiales han sido diversos y han variado a través del tiempo, pues se han ido confeccionando con madera, paja, corteza, hojas de maíz, tela, piel, cráneos, cartón piedra, papel maché, látex, plásticos y otros materiales.

La aparición del fuego, y otros sucesos que eran inexplicables para aquella época, dieron motivo al nacimiento de la adoración a cosas incomprensibles que tiempo después dieron lugar a distintos tipos de religiones. Evidentemente, el líder que propiciaba la religión debía destacarse de los demás como el elegido de la palabra y por eso debía diferenciarse, utilizando las primeras máscaras.

Paralelamente estaban los relatores de las acciones épicas, historias que pasaban de generación en generación y que luego, esos mismos relatores se encontraban en la necesidad de sofisticar sus relatos incorporando en sus caras elementos que diferenciaran la forma. Es ahí donde se cree que se originó la primera máscara, probablemente de piedra, sin color y sin expresión, totalmente neutra.

Aun así, la máscara, aunque no tuviera ningún tipo de expresión ni referenciara ningún personaje o estado anímico, ya diferenciaba al relator de una persona común.

Con el tiempo, los relatos épicos o religiosos se llenaron de sensaciones y emociones y  los relatores fueron conscientes de que con una máscara neutra no podían trasmitir todo aquello. Cualquier máscara neutra y sin color pero con una lágrima, ya demostraba un estado anímico o una forma de ser del personaje del relato. Pero he aquí que no está precisado si nació primero la expresión, o el dibujado en la máscara.

En los museos y por Internet se pueden ver muchas máscaras antiguas con distintos tipos de expresiones y dentro de estas se agregan dibujos simulando lágrimas o amplias sonrisas o sarcasmos, si bien desde épocas remotas hay pinturas rupestres hechas con bases de colores, algunos historiadores dudan si fue primero la expresión tallada o la dibujada con bases de colores.

Algunos hallazgos arqueológicos demostraron que eran muy usadas en Egipto para perpetuar con ellas los rostros de los muertos. Se hacían tratando de imitar de la forma más fielmente posible, el rostro del difunto, y se colocaba junto con el ataúd, pintándose de la misma manera que éste. Se elaboraban con un cartón realizado con lienzo o papiro, revestido con estuco, que -con el paso del tiempo- se endurecía y presentaba total consistencia. Según la clase social a la que perteneciera el muerto, podría llegar a revestirse con una lámina de oro. No se le horadaban los ojos ni la boca, y se los representaban con incrustaciones o pinturas.
Los estudios arqueológicos llevados a cabo en tumbas fenicias, también han demostrado que esta civilización practicaba la costumbre de utilizar máscaras funerarias. Rastros de máscaras también fueron hallados en antiguas pinturas rupestres.

El uso de la máscara comenzó a evolucionar de manera importante en Roma, cuando la llevaban actores en los cortejos fúnebres, para que se reconociera y recordara el rostro del difunto. A partir de entonces, los actores comenzaron a usar la máscara para representar fielmente en sus obras los rostros de los personajes históricos que estaban interpretando. Rápidamente, se adoptó su uso en las fiestas saturnales en Roma, y se las comenzó a usar con carácter festivo, dando origen a la utilización en lo que hoy es nuestro carnaval.

Sin embargo, fueron los griegos quienes, en las fiestas dionisiacas del dios Baco, ofrecieron su máxima sofisticación cultural proponiendo infinidad de diseños, como ofrenda a una gran fiesta de descontrol producida por el vino. Talía y Melpómene eran las diosas de las fiestas dionisiacas, y la representación de sus máscaras simboliza el teatro en todo el mundo. Talía es la musa de la comedia, presidía los banquetes animados por la música y por el canto y llevaba como atributos una corona de hiedra y en la mano una máscara sonriente. Melpómene es la musa de la tragedia, se la representa ricamente vestida, grave el continente y severa la mirada, generalmente lleva en la mano una máscara trágica como su principal atributo, en otras ocasiones empuña un cetro o una corona de pámpanos, o bien un puñal ensangrentado. Va coronada con una diadema y está calzada de coturnos. También se la representa apoyada sobre una maza para indicar que la tragedia es un arte muy difícil, que exige un genio privilegiado y una imaginación vigorosa.

Durante la Edad Media hubo mucha afición a los disfraces y máscaras, incluso en las fiestas religiosas como la del asno o la de los locos. Las máscaras representaban símbolos de la fuerzas demoniacas dando cuerpo a los personajes del infierno. En los torneos, ciertos caballeros que no querían ser conocidos combatían con máscara. Durante el Renacimiento tuvieron un auge inesperado con la Commedia dell’arte italiana, siendo las máscaras notablemente burlescas para estas comedias de improvisación con un repertorio fijo de personajes y esquemas básicos argumentales –por lo tanto arquetípicos-: arlequines, pierrots y colombinas, entre otros, que podían decir impunemente la verdad. Con todo, el mayor empleo de la máscara tenía efecto en el siglo XVIII, en Italia y, sobre todo, en Venecia, durante el Carnaval.

Si bien hoy en día el uso de la máscara se limita prácticamente a espectáculos teatrales, fiestas y carnavales y al uso profesional o deportivo por medidas de seguridad, todavía existen en la actualidad muchos pueblos primitivos que usan máscaras para realizar sus rituales.

Nosotros asociamos las máscaras inevitablemente con el Teatro, porque así fue como comenzamos a hacerlas, por encargos de Compañías y Escuelas de Teatro. Pero después llegaron encargos de productoras de series de TV como fue una máscara para La Peste, músicos, djs, amantes del Cosplay, diseñadores y hasta de Vogue! Pero la razón más bonita que nos han dado a la hora de encargarnos una máscara ha sido ser el regalo para pedir matrimonio. Felicidad!!!!!!

Ya son unos cuantos años los que llevamos haciendo máscaras por encargo, y si no lo tenemos, te lo hacemos, eso seguro, aunque nos cuesten horas de sueño las sacamos. Nos apasiona todo el trabajo que llevan. Y hemos ido evolucionando. Hemos mejorado el cuero y así la durabilidad y resistencia de las máscaras. Hemos mejorado las ceras que le aplicamos, ahora las hacemos nosotros con ingredientes naturales. Todo para que el contacto piel con piel que va a surgir con su dueño sea lo más agradable posible.

Las máscaras realizadas en cuero aportan ligereza, flexibilidad y adaptabilidad, transpiran, dan continuidad piel-piel y sin duda, son las elegidas por la mayoría de los profesionales por todas estas ventajas. Del cuero se obtiene un objeto bello, ligero, adaptable, funcional y cargado de sugerencias y simbología. Encontrar artesanos que se pongan a tu completa disposición para desarrollar eso que tienes en mente no es tan fácil y a nosotros nos fascina.

Primero nos fascina porque se les va a dar vida, ya no una función o utilidad, sentido vital de la artesanía para nosotros, sino que literalmente, son objetos que van a cobrar vida, y eso para nosotros es algo muy grande.

Después nos apasiona porque el proceso implica trabajar siempre con barro, a veces madera, otras escayola, y siempre cuero. Trabajar el volumen y los detalles con barro es algo que te conecta con la tierra y contigo mismo, pasa lo mismo cuando estamos en la fase de adaptar el cuero al molde.

Aquí vamos a dejaros unas muestras de nuestras máscaras de cuero que se han destinado a Teatro, os iremos mostrando más, y si quieres preguntarnos aquí nos tienes!

 

 

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