Acabado de cantos

Hay recuerdos de nuestra infancia que se quedan grabados para siempre, todos tenemos uno o un puñado. El mío, o uno de los más importantes, huele a cuero, un cuero tostado por las manos que lo tocaron, por el sol que disfrutó, y a saber por que más cosas. Recuerdo husmear en los cajones y armarios de mi casa, y encontrar una funda para una baraja de cartas, para la cámara de fotos, para la radio encima de la mesilla de mi padre, un maletín al fondo de un armario, una mariconera (como se decía antes), un bolso detrás de unas mantas abajo del mismo armario… Todos con el mismo color, tostado, avellanado, todos con el mismo hilo en linea, blanco y grueso, todos con la misma suavidad.

Tiempo después, justo cuando se me terminó esa enfermedad que llaman adolescencia, volví a esos mismos cajones, a ese mismo armario, a esa misma funda de la radio que había estado invisible encima de la mesilla. Seguían igual, con el mismo olor, el mismo color, las mismas puntadas en fila, perfectas. También empecé a recobrar el sentido de la audición y a escuchar de vez en cuando a mi padre. Todas esas piezas tenían un mismo origen, maestros artesanos, guarnicioneros, que le regalaban a mi padre, su aprendiz, cuando se jubilaban, o simplemente cuando querían hacerle un regalo.

Ahora, 35 años después, de vez en cuando las miro, mejor dicho las admiro: puntadas cortas, rectas y fuertes, cueros lisos y sin ornamentaciones, solo ellos, y la suavidad de sus bordes, ni si quiera se adivinaba la separación de sus partes.

Supongo que es ese recuerdo el que me hace buscar ese tipo de piezas, mejor dicho, buscar ese tipo de acabados, que no se me vaya una puntada cuando coso a mano, que el cuero esté nutrido y no agrietado, que los cantos estén lisos, pulidos, que no se separen. Para ello no queda más remedio que dedicarle tiempo, cariño, no vernos tentados por esa frase: «!Bueno ya está, puede valer!», no conformarnos. Esto me lleva una conversación que me contaba mi padre y que le decía uno de sus maestros cuando tenía que pulir los cantos de una pieza:

          • Ya está?

          • Sigue

          • Hasta cuando?

          • Hasta que huela a ajo

Pues justamente es eso, trabajar los cantos de una pieza, se resume en esa frase: «Hasta que huela a ajo», y obviamente nunca huele a ajo.

Los acabados de una pieza puede ser en muchas ocasiones, lo que más tiempo nos lleve, incluso podríamos decir que desde que estamos haciendo nuestro patrón estamos pensando en ello. Bien es cierto que en gran número de piezas es el acabado de los cantos donde más nos tendremos que esmerar.

Se utilizan muchos productos, y en muchas ocasiones pueden variar en función de la piel que estemos trabajando.

En lo que se refiere al curtido vegetal, nuestro preferido, simplemente con un poco de goma arábiga (saliva en su defecto), una madera pulida, un trapo y un poco de lija es suficiente para conseguir cantos como este asa.

Acabado-de-cantos-tipos-de-cuero.jpgSi estás interesado en más técnicas y productos, puedes contactar con nosotros y te informaremos de todos nuestros cursos.

Muchas gracias y nos leemos en el próximo post.

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